Sin salirnos de lo barroco, sor Juana.

El Téatro Nómada de Jalisco estrena en Barcelona esta semana "Juana Inés, paráfrasis de si misma" en el Teatre Atrium. El grupo, liderado por el joven Fernando Sakanassi, ha estado elaborando de zero esta pieza en el entorno de la Nau Ivanow, espacio que no deja indiferente, por su aspecto de lugar permanente de transición hacia alguna parte, hacia el no lugar. Sin duda, la obra también forma parte de este proceso de transición, ya que ha sido creada por los cuatro intérpretes y el director, durante tres meses, como residencia en este reconocido equipamiento teatral de Barcelona.

Varios temas se entremezclan a lo largo de la hora y media de la obra, aunque principalmente es el valor de lo femenino y sus contradicciones, la relación con el hombre y los hombres, y también con la iglesia, que es cosa de hombres, y con la fe, y con la vida misma y su propia condición. Concentrada tenemos la vida, obra y sufrir y gozar de Doña Juana Inés, la mexicana más internacional junto a Frida Kahlo, que vuelve a recordarnos la vigencia de su lucha y de sus inquietudes. Nada que decir de los actores, Karla Constantini, María Balam, José Jaime Argote y Darío Rocas, completos en actuación y gimnástica - no tanto en canto - con una capacidad de adaptación a la situación, sea cortejo en verso o violación sobre el linoleo, ejemplar. 

Hasta ahí podría haber quedado la pieza. Con un toque feminista, con algo de fina ironía, con un plus de sufrida condescendencia, y con una sensación agridulce a la salida, casi desasosegada. Pero Sakanassi no se queda ahí, sinó que aboga por explorar todos los recursos, símbolos, técnicas, códigos que le permite la adaptación del tema a nuestros días. En un entorno negro, obscurantista, opresivo, una mujer hace públicas sus contradicciones, enfrentándose a los amores de la carne, a la fe y la falta de la misma, a la tentación del sacrilegio, o al heteropatriarcado susodicho, concepto que ha echado raíces allá y acullá.

Escenográficamente, "Juana Inés" tiene buenos recursos, surgidos probablemente del presupuesto de la imaginación: Una mesa desmontable de hierro y maderos travesaños resulta, a lo largo de la obra, pieza fundamental en la que se desarrolla la escena, y acaba siendo no sólo mesa, sinó altar, prisión, ducha, tribuna y hoguera. La escritura de los textos de Sor Juana en las paredes negras, con tiza blanca, resulta de lo más poético. El agua purificadora - contrariada por las prohibiciones de los insquisidores - se contrapone a la sangre acumulada en un barreño, con el que ahora sí ya se embarra decidida y soberanamente.

A Sakanassi se le puede acusar de utilizar demasiados códigos: Del verso a la prosa. Del vídeo a la danza. De la comedia a lo trágico. Incluso se le puede acusar de reiterativo. Estamos muy mal acostumbrados a ver lo que queremos ver, a eliminar lo que ya sabemos, a la novedad, a lo audiovisual que todo lo hace perecedero al cabo de unas horas, minutos... Pero amigos, ¿acaso no es la sublimación de la reiteración en todas sus posibilidades y hasta la saciedad, la característica principal de lo barroco? ¿Y acaso no estamos, míseros o agraciados de nosotros, en una etapa barroca del mundo en que triunfa la postverdady lo artificioso? 

Vean "Juana Inés, paráfrasis de si misma", y abandónense a la contemplación de una mujer que se construye a sí misma, en medio de un mundo que se desmorona.

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