Nacionalismos

Nación y nacionalismo son conceptos en boca de todos. De aquellos que saben qué significan, de aquellos que creen que saben lo que significan, y de aquellos que, sin saber lo que significan, los usan en cualquier artículo, post, tweet o comentario de cantina como crítica, insulto o definición al que se le otorga un carácter peyorativo. Me gustaría dar algunas ideas al respecto de estos conceptos, que fueran ilustrativas ante el proceso político en que estamos en Catalunya, y las hago en español.

- El nacionalismo es un concepto que surge como reacción a situaciones políticas no naturales, en que habitualmente existe una necesidad de manifestar política, social y culturalmente una identidad propia. No es el mismo caso el nacionalismo que permitió la unificación de Italia y Alemania en el siglo XIX, el que constituyó el nacimiento de los Estados Unidos, el que provoca la guerra de los Balcanes o la desintegración de la Unión Soviética, o el que se vive ahora mismo en Catalunya o España. 

- Si bien en Catalunya y el País Vasco se ha hablado tradicionalmente de partidos nacionalistas a los cuyo marco mental y político es una comunidad autónoma (País Vasco o Catalunya) o una región cultural e históricamente relacionada (Euskal Herría, Països Catalans), como contraposición a partidos de alcance estatal, también es cierto que España ha asimilado de forma habitual el concepto de nación a estado. Ejemplos de ello son cuando adjetivamos instituciones como, por ejemplo, la Biblioteca Nacional de España, Radio Nacional de España, Cuerpo Nacional de Policía o los Premios Nacionales de cualquier disciplina. Curiosamente, España usa el concepto estatal en otros organismos como la Agencia Estatal de Meteorología, el Servicio Público de Empleo Estatal o la Agencia Estatal de Seguridad Aérea. Por tanto, no tiene sentido por parte del Estado usar el concepto "nacionalista" de forma peyorativa, ya que el Estado lo usa también en organismos propios.

- Como decimos, es habitual que el Gobierno de España y los partidos de ámbito español usen el concepto "nacionalismo" aplicado a los partidos y personas de ideología independentista catalana desde una perspectiva peyorativa. El nacionalismo catalán como sinónimo de excluyente, racial, suprematista, es un discurso habitual por parte de PP, Ciudadanos y PSOE, frente a un nacionalismo español inclusivo y amable. Esto no es no sólo erróneo, si no que esconde precisamente lo contrario.

- Lo que está claro es que existe hoy en día un nacionalismo catalán pero también existe un nacionalismo español. Desde hace tiempo, desde Catalunya se empieza a usar el concepto de "nacionalismo español" como crítica al uso del concepto, los símbolos y las instituciones de España para ir contra los intereses de las comunidades autónomas históricas. Se está equilibrando la balanza a la hora de usar el concepto "nacionalista" como crítica por parte de Catalunya y España, unos contra otros.

- El independentismo catalán es un movimiento transversal en el que participan sociedad civil, instituciones, personas de clases muy distintas, partidos políticos diversos, etc. Su imagen, heredera de un concepto nacionalista constructivo y que se elabora en los gobiernos del President Pujol, sigue el precepto de que "Catalán es quien vive y trabaja en Catalunya y quiere serlo". Es decir, una concepción del nacionalismo al estilo norteamericano, en que todos son llamados a formar parte de la nación, desde la premisa básica de la diversidad del pueblo. El uso de la lengua catalana como punto de encuentro para las más de 200 lenguas habladas en Catalunya forma parte de este discurso de integración. El activismo pacifista, desde el que se han elaborado las manifestaciones y el proceso político catalán de los últimos años, ha sido también uno de los pilares de la construcción del discurso. Un discurso basado en la democracia del voto y en la consecución de los deseos de la mayoría del pueblo. Todos están llamados a ser padres fundadores del estado catalán, en donde debe desarrollarse el concepto nacional catalán de forma natural.

- El nacionalismo español, sin embargo, ha sido tradicionalmente asociado a grupos de la derecha radical herederos de la ideología franquista, sin duda uno de los momentos históricos del país más traumáticos. El nacionalismo español en Catalunya no ha empezado a aflorar hasta que este colectivo ha visto amenazado el statu quo anterior por el nacionalismo catalán. Y eso ha sido, precisamente, cuando el independentismo empieza a ser mayoritario. Sin embargo, ese nacionalismo español que se contrapone al independentismo ha comportado la reaparición de símbolos franquistas, de discursos no democráticos,de la aparición de la violencia callejera y de la reducción del debate a la aplicación de la ley. Como ejemplo cabe decir que las manifestaciones por la unidad de España han tenido algunos momentos de violencia gratuita, a diferencia de las mayoritarias manifestaciones independentistas.

- El nacionalismo español, aunque no se haya contamplado hasta hace poco de forma visible mediante las manifestaciones y la exhibición de los símbolos, sí que ha estado latente mientras ha sido mayoritario, y se ha impuesto de forma natural. Ha sido, este nacionalismo, de un contenido excluyente y suprematista. Ejemplos de ellos lo encontramos, sin tapujos, en todos los ámbitos públicos y privados durante la Dictadura del General Franco. Y a partir del año 1977, en numerosos hechos. Baste como ejemplo el reiterado desprecio del catalán en el uso de las comunicaciones de un estado que se define como plurinacional; la falta de financiamiento endémico de Catalunya; la distribución radial de las comunicaciones desde la capital del estado despreciando otros ejes; el intento de división de la lengua catalana en las instituciones catalanas y valencianas, incluso con la oposición de la Academia; las declaraciones de representantes de los gobiernos de González, Aznar, Zapatero o Rajoy; el menosprecio al estatuto catalán, y reiterados intentos de imponer una visión centralista y castellana de España. Excluyente y suprematista pues, a la hora del uso práctico de las lenguas; y de la imposición de una visión territorial y de infraestructuras centralizada.

- La aplicación efectiva de la ideología política en el conflicto ha sido, por el momento, favorable al nacionalismo español. Se ha impuesto la legalidad por medio de la violencia jurídica e institucional, eliminando un gobierno autónomo, suspendiendo instituciones, arrogándose poderes, no respetando de forma habitual la propia legalidad y poniendo de manifiesto una relación entre los poderes ejecutivo y judicial que no cumple los preceptos democráticos, y que implica un natural retroceso en los índices de calidad democrática del estado. Ello implica que la sociedad interprete que los políticos encarcelados lo son por su ideología y no por sus hechos. Por su parte, el nacionalismo catalán ha salido perdiendo de este choque de trenes, al acatar la legalidad frente a un estado implacable, aunque ha mantenido la legitimidad al poner en evidencia las faltas democráticas del estado. A eso se aferra.

La batalla de nacionalismos está abierta. El que tiene el mayor poder legítimo y el discurso elaborado inclusivo, positivo, constructor, que es el catalán; tiene ahora mismo el menor poder legal, jurídico y de uso de la fuerza, que está en manos del nacionalismo español, y que incluye un conjunto de conceptos represivos, denostados y antidemocráticos latentes nada halagüeños. Y entre unos y otros, los indefinidos, que no le entran al trapo para salir airosos de la disputa. Quien acabe imponiéndose en Catalunya será el que defina el futuro de este país. Yo lo tengo claro.

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